Siempre hay una mirada, normalmente tímida, que enseguida se vuelve descarada cuando los ojos se clavan en los labios contrarios. Después viene la fuerza invisible que te empuja a rozarlos con los tuyos, atraparlos y moverlos, al principio torpemente, y después a un ritmo acompasado. Entonces llegan los sabores, los olores y, si es un buen beso, la pérdida de consciencia del tiempo y el espacio.
Este gesto es el detonante de una cascada de mensajes neuronales y químicos capaces de transmitir desde consuelo y cariño hasta excitación sexual sin mediar una palabra. Tanto es así que, según los científicos, un buen beso puede ser el inicio de una duradera relación de pareja, al igual que uno malo produce el efecto contrario. ¿Demasiado húmedo o demasiado seco? ¿Con largas pausas o tirando a ansioso?
No hay comentarios:
Publicar un comentario